Te he visto nacer, ví como ibas creciendo, tu madre te alimentaba, creciste, te desarrollaste y fuiste cogiendo consistencia.
La alimentación, el aire y el sol te hacían crecer sano y fuerte, fuiste madurando, alcanzaste el máximo esplendor y finalmente llegaste a la decadencia.
Tus carnes empezaron a ponerse blandas, sin consistencia, fue un largo proceso... al final volviste a la tierra y allí iniciaste un nuevo ciclo.
En tu interior está la semilla para que te encarnes en un nuevo individuo de tu especie y también tendrás frutos que a su vez volverán a nacer, crecer y morir, cumpliendo así el ciclo de vida-muerte.
Muchas similitudes tenemos los humanos con los frutos y demás elementos de la naturaleza.
