A lo largo del día escuchamos una cantidad abrumadora de noticias desagradables: guerras, violencia de género, crisis energéticas, crisis financieras, déficits, etc.
Tenemos un nivel de bienestar muy alto, somos como pajaritos enjaulados, bien alimentados, pero con escasas posibilidades de movimiento. Tenemos una morbosidad hacia las malas noticias, pero solo las vemos a través de los barrotes de la jaula.
En esta sociedad estructurada siempre hay alguien preparado para solucionar los posibles problemas ya sea a través de bomberos, abogados, fontaneros, médicos, siempre hay alguien que nos solucionará el problema (por supuesto pagando).
Al no tener problemas se crea un nuevo problema (el peor de todos): el miedo a tener problemas. Este miedo nos hace suponer situaciones que en realidad solo están en nuestra mente, y los pensamientos derivados de las noticias desagradables se pueden llegar a convertir en realidad.
¿Acaso podríamos llevar una vida civilizada sin noticias ni problemas?
26/06/10
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Los problemas y las malas noticias |
03/06/10
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La incomunicación de las comunicaciones |
Muchas veces aún estando en grupo la comunicación brilla por su ausencia; cada uno con sus labores, lecturas o entretenimientos; cada uno dentro de su propio mundo.
A veces nos encontramos como perdidos en una isla solitaria.
Y es que se puede estar acompañado y solo al mismo tiempo.
Las consecuencias de la incomunicación son el aburrimiento y la desidia. Paradogicamente ahora que vivimos en el mundo de las comunicaciones es cuando más incomunicados estamos.
Los juguetes configurados para adultos son individuales, vemos las noticias por la televisión, leemos la prensa, nos comunicamos con amigos virtuales a través de la red, pero nos falta el intercambio de sensaciones.
Las informaciones nos llegan “trilladas”, las informaciones de política y la sociedad nos influyen en nuestra manera de ver la vida y la realidad.
La incomunicación es la base de nuestros desequilibrios emocionales y sociales.